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DES-VELO

Todo comenzó con la pérdida de un pie. Antes podía moverse a 75 kilómetros por hora; ahora debía olvidarse de correr, caminaría con dificultad, arrastrando un feo muñón en el lugar que ocupaba su pierna derecha. Eso sí, tenía un consuelo, sabía que cada ser tiene impresiones digitales únicas y él todavía tenía sanas ambas manos. Pero hoy echaba de menos su pie; con él siempre iniciaba el vuelo, con él siempre ejecutaba el primer paso. No se explicaba aún por qué lo había perdido. ¿Sería la parte dolorosa del crecimiento, o reminiscencias de algún vínculo con el pasado? ¿Tendría que ver con la llegada del nuevo siglo…? Las preguntas sin respuesta y la falta de movilidad acabaron por agotarlo.

Ahora, sujetó con fuerza el ramo de uvas jugosas que planeaba poner, sin que nadie lo notara, sobre la mesa de juego. Le parecía ver las caritas sucias de los niños sonreídas ante la visión inesperada de las golosinas. ¡Uvas!, exclamarían a coro. Y muy pronto llenarían las bocas voraces con el preciado fruto y, al menos por unos minutos, se desvanecería el fantasma del hambre. Sólo que hasta pensarlo le causaba angustia, sabía que hoy llegaría tarde y con un solo pie. Y era posible que los más pequeños, acostumbrados a la puntualidad del milagro, se marcharan a pedir limosna al aeropuerto o subirían por alguna calle atestada de gente buena o alguna que otra mala, buscando un mendrugo, una caricia, una experiencia nueva, o quizás algo de magia. La angustia y la impotencia volvieron a inmovilizarlo. No era tarea fácil sobrevivir en estos tiempos, pensó. Ahora más que nunca era necesaria la existencia de seres como él. Una súbita rasgadura lo sacó de su ensimismamiento. Se estremeció al mirar y comprobar que había perdido gran parte de su pierna izquierda, la cual ahora flotaba casi a la altura de la cadera. ¿Adónde fue a tener?, se dijo. ¿Y ahora por qué? No entiendo. ¿Qué estará pasando? Sintió que le faltaba el aire. Ahora veía el planeta como algo distinto, ajeno a su realidad diaria.

Lentamente, bajó su mano izquierda sobre lo que ahora era un enorme hueco. Un punzante dolor en la cintura le indicó lo que ya temía y sospechó que muy pronto sobrevendría el desplome. Su armazón, la espina superior que sostenía cada hilera, cada membrana, cada uno de sus tendones y ligamentos, sufrirían los efectos de la brutal quebradura. Respiró profundo e intentó hallar consuelo a su desgracia. Y en ese instante fugaz surgió la respuesta: nunca olvidaría que una vez, en el momento más hermoso de su transitar, había sido un ángel.

Magaly Quiñones, Puerto Rico © 2017

magaly67@gmail.com

Magaly Quiñones, poeta, narradora y ensayista, nació en Ponce, Puerto Rico. Posee una maestría en literatura (MA) e idiomas de la Universidad de Puerto Rico. Al presente, tiene 16 libros publicados, seis de ellos dedicados a la grey infantil. Su obra ha recibido numerosas distinciones y aparece recogida en antologías, revistas e índices en Puerto Rico y países del extranjero. Ha recibido el Premio Internacional de Poesía Mairena, la medalla del Instituto de Cultura, el Premio Alejandro Tapia, y el Premio Maestro de Poesía en Valparaíso, Chile, entre otros.

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