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Lo hubiera matado

¡Lo hubiera matado! Hubiera despedazado su piel con mis uñas, lo hubiera ahorcado, le hubiera arrancado una oreja con mis dientes, le hubiera sacado los ojos. Pinche güey. Qué dijiste, hijo, ahí está una vieja sola, ahorita me la cojo, pus no cabrón. ¿Qué te crees que porque estoy en tu taxi soy presa fácil? Ay, odio a los taxistas de todo el mundo, todos son como tú, pinches nacos. ¿Crees que te estás vengando, verdad? Pues no güey, ¡te voy a sacar los ojos!
Mira, ahí está una güerita sola, a ver si me la agarro. ¿A dónde la llevo? ¿Viene de trabajar? Ay pinche güerita, no me quiere dar ni los buenos días, pues qué te crees, ¿la divina garza en pañales? Pinche güera, ni medias trae y desde aquí le veo todas las piernas, no se rasura, vieja cochina, puta, ahorita que se baje me vengo. Jija de su madre. Me voy a hacer güey, como que no encuentro la calle.
--Tres cuadras más a la derecha. Aquí es. ¿Cuánto le debo?
--Dos mil pesos, güerita. Gracias.
Y en eso el pinche güey me levanta el vestido. Vengo cargada de libros y con la mano libre le doy de manotazos. Jijo desgraciado, puto, cabrón, qué te crees, me bajo y aprieta el acelerador y desaparece. Aviento los libros y pateo el suelo. Maldigo a mi país y a mis paisanos. Pinche hijo de tu malnacer, ¡te hubiera matado!
Ay, güerita, te vi los chones, mamacita, lero, lero, no que no, cabrona, te crees mucho ¿no?, te vi todo y tú como pendeja, ¡viva México!
Te vi los chones.
Te vi todo.
Me vio los chones.

Estoy en la Avenida Insurgentes. Vengo cargada de libros y discos y espero a que un taxi se detenga. Se acerca un minitaxi. Me choca como quitan el asiento del copiloto, uno queda tan cerca de las garras del chofer. Pero estoy cansada y no quiero agarrar el metro, así que me subo, al fin voy cerca. Juan Gabriel canta "No vale la pena" en el radio. Ay, mi México lindo, hace tanto tiempo que no vengo a mi tierra.
Qué joda esta chamba de taxista. Ojalá hubiera estudiado para algo. A ver si alcanzo a mi hermano en Houston, trabaja como burro pero un día de estos regresa y se compra casa. En cambio yo aquí en la ruleteada, qué joda, y en esta pinche ciudad, ya la alucino. Mira, ahí está una gringa. A ver si es chicle y pega.

Liliana Valenzuela, México, US © 1999

Lvalenzuela@compuserve.com

Liliana Valenzuela es chilanga (originaria de la Cd. de México) y tejana adoptada. Cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y en la Universidad de Texas, donde obtuvo una licenciatura y maestría en Antropología y Folclor. Se ha desempeñado como traductora independiente desde 1991. En 1996, su traducción del libro de cuentos de Sandra Cisneros, Woman Hollering Creek fue publicada como El arroyo de la Llorona por Vintage Español. Sus cuentos y poemas en inglés y español han aparecido en Americas Review,Blanco Móvil (D.F.), Mester, Saguaro, etc. así como en varias antologías. Su poemario Bocas Palabras fue publicado por Bilingual Luz Publishing. Recibió el premio del Concurso Literario Chicano de la Universidad de California en Irvine por su cuento titulado "Zurcidos Invisibles". Es miembro de PEN.

Comentario de la autora:
En la universidad tomé un curso titulado "Escritoras experimentales" que cambió mi visión de la literatura y de lo que yo podría hacer en ella. Djuna Barnes, Virginia Woolf, Zora Neale Hurston fueron hallazgos importantes, así como las escritoras chicanas y mexicanas --Sandra Cisneros, Helena Viramontes, Cherrié Moraga, Lucha Corpi-- que abrieron camino. La visión de Elena Poniatowska ha sido fundamental. A su salud.

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