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San Guacamole

Durante más de cuatro décadas la existencia de la República de San Guacamole fue ardientemente discutida por científicos, historiadores y arqueólogos. Con igual apasionamiento la comunidad estudiosa se dividió en dos grupos, uno empecinado en negar que San Guacamole haya existido alguna vez, otro determinado a demostrar que aquella República tuvo una vida plena de significado para entender esa zona geográfica sajonamente bautizada con la entelequia de "latinoamérica". Hoy, gracias a Dios, se han encontrado las pruebas que demuestran que San Guacamole existió poniendo fin a la discusión. La palmaria comprobación ha terminado con la carrera de prestigiosos científicos y estudiosos provocando una marejada de renuncias en los claustros académicos y algún suicidio que, si bien es de lamentar, nos deja el consuelo de constatar que aún quedan espíritus con un sentido extremo del honor.

Pero vayamos a los hechos. La última fusión de la empresa Metro-Goldwyn-Mayer con un consorcio japonés compuesto mayormente por fabricantes de baterías eléctricas que ampliarían así sus actividades al mundo del espectáculo, provocó una serie de cambios en la organización que respondían a un agresivo plan de productividad. En tal sentido las nuevas autoridades dispusieron la eliminación de los archivos de libretos no utilizados para convertirlos en el mayor estudio cinematográfico del planeta. En principio se determinó la destrucción de más de 40 años de libretos cinematográficos sin más trámite. Para tener una idea del volumen de estos archivos tengamos en cuenta que Syd Field, el lector jefe de la Metro, supervisaba más de 20 libros por día, proeza que conseguía mediante una depurada técnica que él mismo detalla en su famoso libro "El Guión Cinematográfico". Pero, alertados los abogados de la Asociación Americana por la Preservación Histórica de la Palabra Impresa (IWHPAA), interpusieron un recurso legal que obligó a los estudios a contratar los servicios de un especialista, el Licenciado Henry Ramírez Sepúlveda, a fin de ordenar, clasificar y dar destino a aquel material, cosa que este profesional realizó con obsesiva meticulosidad. Durante este proceso, Ramírez Sepúlveda, halló el guión cinematográfico titulado "Adventure in San Guacamole", original de Heriberto Sepúlveda Ramírez (sin relación con el anterior) y de toda la documentación relacionada con la preproducción y con los principios de ejecución de ese filme que dirigiría Sam Fuller, si se hubiera filmado, cosa que no sucedió. A fin de no agotar al lector con innúmeros detalles pasemos a la historia directamente.

La película en cuestión daba cuenta de las peripecias de un aventurero norteamericano que por una serie de hechos circunstanciales es acusado de un crimen que no cometió. Huyendo de los ciegos sablazos de la justicia termina su huida en un pequeño país centroamericano, San Guacamole, cuyos habitantes son explotados por una caterva de latifundistas sudorosos, malhablados y abusadores, mediante el terror y el pillaje. Apenas llegado a San Guacamole, nuestro héroe se enamora de una very typical y bella nativa que enciende en él la llama de la justicia y lo convierte en un combatiente de la libertad cuya hazaña máxima consiste en incendiar la cabaña donde el dictador duerme una siesta de puercos junto a una de sus amantes dando fin así a decenios de opresión. Final feliz con el protagonista abrazado a su nativa sobre el tapizado verde de la selva tropical tachonado de tucanes y guacamayos.

El estudio dispuso todo para esta gran producción y mandó a construir en la zona que queda entre Pacra y Tubanama, un poco a la derecha, como quien va hacia Pocorosa, pero sin llegar, los decorados para el filme. La avanzada, que contaba con un interesante presupuesto, levantó el pueblo de San Guacamole en menos de 20 días y en medio de la nada y se dispuso a esperar la llegada de los equipos de filmación y del team artístico. Digamos, de paso, que la ambientación incluía una fuente con una estatua de Tony Curtis (quien había sido contratado para el protagónico) portando la antorcha de la liberación. Este detalle adquirirá gran significación conforme avancemos en el relato. Lo cierto es que el grupo acantonado en la location fue atacado primero por una epidemia de malaria y luego por las flechas de un grupo de indígenas marutíes, primos de los caribes. Los estudios fueron demandados por la Asociación de Decoradores Cinematográficos de Norteamérica (SDANA) y por otras asociaciones gremiales por el estilo y se vieron obligados a repatriar a los sobrevivientes con el auxilio de los marines que no dejaron de pasar factura por su esforzada colaboración. El escándalo subsiguiente produjo el despido de toda la plana mayor del estudio, una profunda reestructuración, el abandono y archivo del proyecto y de los decorados de San Guacamole. Tony Curtis, por su parte, obtuvo el papel principal en "El Descuartizador de Boston" y olvidó todo el otro asunto por completo.

El caso es que los decorados quedaron abandonados a su suerte, sin que nadie quisiera acordarse de ellos, durante más de diez años, hasta que un camión perteneciente a la United Fruit, que transportaba a un grupo de trabajadores bananeros se descompuso en las cercanías. El chofer y el capataz partieron en busca de ayuda pero en el camino los sorprendió un grupo de insurgentes revolucionarios que les dieron muerte sumariamente y los bananeros se quedaron esperando el rescate que nunca llegaría. La United Fruit fue nacionalizada por los nuevos gobernantes revolucionarios y los trabajadores olvidados. Buscando abrigo y alimento, los bananeros no tardaron en encontrarse con un pueblo completo, los decorados de San Guacamole que se encontraban en bastante buenas condiciones y los habitaron. Las necesidades los obligaron a organizarse y, por ende a establecer jerarquías políticas. Elaboraron una constitución y comenzaron a dictar leyes y normas. Y en realidad, esta comunidad, en la que eran casi todos iletrados, no lo hizo nada mal. Se constituyeron en República y vivieron en paz y armonía durante mucho tiempo venerando la figura de Tony Curtis a quien, los Guacamolenses más inspirados, le inventaron maravillosas leyendas de heroísmo y arrojo. Pero la desgracia, a quien no es necesario llamar porque viene sola, se abatió sobre los pobladores en la forma de un alud de lodo desencadenado por la erupción del volcán Taratutí, que había permanecido inactivo por más de doscientos años, despertando en la ocasión con toda su furia y sepultando a San Guacamole y a los guacamolenses bajo una espesa capa de fango que sólo dejó en la superficie la famosa antorcha de Tony Curtis. El sitio es hoy un lugar de peregrinación para los pobladores aledaños quienes atribuyen a la antorcha propiedades de sanación para todo tipo de males.

Ernesto Mallo, Argentina © 1997

emallo@ar.inter.net

Ernesto Mallo es argentino, residente en la ciudad de Buenos Aires. Actualmente es Secretario de Redacción del mensuario de cultura que se publica en Buenos Aires titulado "La Voz del Bajo", en la que además tiene a su cargo la columna editorial. Es también autor y director teatral: "La Vacuna", "Qué mambo el de Colón" y "6 Cuadros", entre otras. Asimismo ha incursionado en el cine colaborando en las películas "Las Puertitas del Sr. López", "Ya no hay hombres" y en diversos proyectos de televisión. Ocasionalmente realiza traducciones del inglés, siendo el traductor de "Iron John" de Robert Bly y "Fire in the Belly" de Sam Keen (ambas publicadas por Editorial Planeta - Argentina). Tiene publicado un volumen de cuentos titulado "Bautizo", Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1975, ganador del concurso "Recopilación de la Cultura para la Liberación" y actualmente prepara otro "Historias con Mujeres", sin editor por el momento. El interés por el cuento está basado en haber recibido la bendición de un abuelo que era un notable narrador oral, de quién heredó la vocación y de quien se considera continuador.

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