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Un domingo en casa

Johnny estira las piernas al máximo, recostado en el sofá, hasta que casi le duelen de tanto estirarlas. Tiene un día muy perro. No hay manera de desperezarse. Ya son más de las doce.

A su lado, sentado fente a la mesa del salón, Carlos teclea incansable en su portátil y frunce el ceño, buscando en la pantalla con gran atención y mordiéndose el labio inferior. La búsqueda no parece ir muy bien.

—¿Qué pasa? ¡Hombre! ¿Por qué tan serio? —inquiere Johnny con un gracioso acento Costa Este, antes de sorber un poco de café de su taza con la leyenda "I love Albacete".
—¡Es una mierda! No encuentro ningún tema para mi cuento.
—¿Cu-ándo ti-enes que inviárselo?
—Se lo prometí a Diana para hoy... pero no se me ocurre de qué escribir...
—Hombre, es gota en vaso de agua... mejor no preocupar. Diana nunca pagar nada...
—Ya, ya, pero... me gustaría escribirlo hoy. El número de marzo se cierra mañana.
—Te digo: tú ahogas en poco agua... Se-guro hay muchos temas en periódico.
—Ningún tema me motiva. Fíjate: 45 muertos en Ucrania... 6 muertos en Venezuela... El FMI dice que los créditos no llegan a las empresas... Hacienda reclama 9,1 millones al FC Barcelona por el traspaso de Neymar... Granados tenía 1,5 millones en una cuenta en Suiza...
—¡Granados! ¿El músico?
—No, no, ese ya está muerto hace mucho. Este es un político con gafas.
—¡Político con gafas! Gran tema para un cuento... Pobre hombre pierde gafas en supermercado y no ve el precio de lechuga. Supermercado cobra millón de euros por lechuga. Su muher pide divorcio inminente...
—No veo ningún auténtico conflicto...
—Pues... el pobre político: sin muher, sin dinero, sólo lechuga... mucho conflicto...
—No, quiero decir que no veo ningún verdadero conflicto en el periódico.
—Hmmm... pero hay mucho muertos en Ucrania. Conflicto muy duro...
—Sí, pero a mí Ucrania me queda muy lejos. No me motiva Ucrania. Como que me la trae al fresco.
—¡Oh!... tú hombre no sensible. Tú hombre antiguo. ¿¿No im-porta Ucrania?? ¡Ucrania país muy bonito! Nunca vi pero estar seguro...

Carlos se levanta y se acerca a la ventana, como esperando encontrar de repente un tema inspirador en el jardín. Pero solamente consigue observar al perrito de Ofelia méandose como de costumbre en el rosal. Carlos se va canturreando a la cocina, donde se sirve otra taza grande de café al estilo americano, flojo y poco tostado. Cuando regresa al salón, Johnny está boca abajo en el sofá, haciéndose el dormido.

—No tengo ganas de ducharme —proclama Carlos al llegar junto a Johnny.
—Nadie te presiona, Carlos. Po-dremos soportar olor por un día...
—Es que hace un día muy perro...
—¡Día normal, Carlos! 23 grados centígrados, so-leado, sin nube, sin nieve, sin graniso... Tú perro... Yo perro... pero día normal.
—Hmmmm... anyway... ¡Carlos no duchar hoy asoluta-mente na-da! —insiste en proclamar Carlos, imitando chapuceramente el acento Costa Este de Johnny.
—Mmmmm —rezonga Johnny, con la cara pegada contra un cojín.

Carlos se levanta, busca un cd de Granados y lo pone en el equipo de música. A Carlos siempre le parece que el bigote de Granados en la foto del cd es de pega y que se le podría caer de un momento a otro, aunque una vez buscó sus imágenes online y Granados siempre salía con ese bigote excesivo, en todas las fotos. En unos segundos comienza a sonar el Capricho español.
—¡Granados! ¡Granados! ¡Vi-va Granados! —celebra Johnny con una sonrisa, sacando su rostro del cojín.
—Sabía que esto te ayudaría a despertar...
—Pero es domingo hoy, hombre... no nesesidad de des-pertar. Domingo es por dormir. ¡To-do el día en-tero!
You fucking right! —Carlos se estira y bosteza—. I love Sundays!

Suena el timbre. Carlos se levanta y abre la puerta. Al otro lado se encuentra a dos hombres trajeados y encorbatados. El que está más cerca del dintel le presenta un folleto que lleva el lema "¡DESPERTAD!" en la cubierta. Carlos no puede reprimir una risa espontánea:
—Jajajajajaja... perdón, perdón... créame que no quería ofenderles. Es que... jajajajaja... estábamos... jajajajaja...
—¿Llegamos en un mal momento? —pregunta el hombre trajeado, con aire de preocupación.
—No, no, es que ahora mismo estábamos diciendo que el domingo es para dormir todo el día... y... jajajajaja. Perdón, perdón...

Carlos toma la revista en sus manos y observa con detenimiento el lema "¡DESPERTAD!", y más abajo un globo terráqueo iluminado por un rayo de luz cenital y el sugerente título "LO QUE NADIE LE HA DICHO SOBRE LA CREACIÓN".
—Ahora mirará usted a la página final de la revista —profetiza el hombre trajeado—, verá que pone "Testigos de Jehová", me devolverá la revista y me dirá que no le interesa...

Carlos hace justo lo que le ha indicado: mira al final de la última página, lee "Testigos de Jehová", devuelve el folleto al hombre trajeado y suspira para poder hablar sin miedo a reír de nuevo:
—Se ve que no han tenido suerte. Es que no nos interesan mucho los temas religiosos. Pero si quieren tomarse un café con nosotros le podemos poner dos tazas grandes, hemos hecho mucho... auténtico café americano: flojo y ácido. Right from America!

El hombre que está junto a la puerta mira a su compañero, que se mantiene callado y distante y, no notando ningún interés en él de pasar a por el café, decide declinar la invitación:
—Es usted muy amable, pero no queremos hacerle perder el tiempo. Seguiremos nuestro camino.
—Siento la mala impresión. De verdad que no me estaba riendo de ustedes...
—No se preocupe. Le dejamos que disfrute de su día de asueto. ¡Adiós!
—¡Adiós! Gracias por la visita.

Carlos cierra la puerta y vuelve al sofá. Johnny sigue boca abajo y tiene el cojín en la boca para evitar reírse.
—Johnny, darling —dice Carlos—, acabo de deprimir a dos enviados de tu país.
—Lo tienen bien mere-sido, por mo-lestar a la hente en día del Señor... ¡Día del Señor sagrado! Sabbath!
—Pero yo tengo que pecar un poco hoy... ¡tengo que escribir, escribir, escribirrr...!
—Tú y tus cuentos... ¡qué pesadilla! Siempre escribiendo...
—Infundios, infundios, si hace varios meses que no escribo ninguno...
—Pero hoy no tienes paholera idea de tema para escribir... así que mehor no escribir nada.
—Bah, bah, tiene que haber algún conflicto por ahí, escondido en alguna parte.
—¡Tú enfermo! ¿Por qué todo cuento debe ser sobre con-flicto? La vida es mara-villosa. La vida es un regalo de Díos. Sólo tú tienes que aseptar el regalo y escribir cuento sin conflicto, sin leche en vinagre...
—Jajajajaja... ¿Y entonces como iría el cuento? ¿De qué se supone que tengo que escribir?
—Mmmmm, pues... muy fásil... tú escribes de la vida sin conflicto... Porque la vida del conflicto es una paranoia de locos. ¡Absolutamente podrido!
—Pues las pelis americanas están llenas de conflictos, de tiros, de asesinados en plena calle, no hacéis pelis de otra cosa...
—¡Yo completamente inosente de todos los cargos! ¡Yo nunca trabahar en Hollywood! La hente muy paranoica en todas partes, todos quieren ver estrella de cine corriendo como pollo sin cabesa... con bombas... tiros... perse-cusiones... todo es pura paranoia... como tu compatriota Salvador Dalí explicó una ves: la hente está dominada por una paranoia que les hase idiotas del culo. Por eso el arte es "paranoico-crítico". Pero la vida es una maravilla, hombre, es nesesario haser cuentos nuevos de hente que vive la vida con una sonrisa, que se pasa todo el do-mingo tirado en el sofá co-miendo hamón serrano... hente que dis-fruta la vida, sin paranoias, sin leche en vinagre, ¡sonriendo al porvenir!
—Ajá...
—El arte, amigo mío, no debe más ser el reducto de la imahinasión enferma de los tontos. Debe haber un nuevo arte para vivir bien. ¡Un arte que exprese la felisidad de una puñetera ves!

Carlos se queda pensativo. Bebe un trago del café que ya se le ha enfriado. Luego pasa sus dedos por la espalda desnuda de Johnny y al llegar a la cintura los hace caminar sobre sus nalgas, cubiertas por un pijama azul. Finalmente se levanta y vuelve a sentarse en su silla, frente a la mesa rectangular. Estira sus brazos hacia adelante con las manos entrelazadas, para desentumecerse, y deja caer la cabeza a ambos lados para reajustar sus cervicales. Por fin, abre el procesador de textos y empieza a teclear animoso el título de su nuevo cuento:

"Un domingo en casa"

José Luis Martín, España © 2014

joselmartin@hotmail.com

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